diciembre 26, 2024
Cuando el sueño diario se desvanece, me levanto, descalzo y desnudo, en el rincón de la soledad y me miro..., me veo vivo, descalzo y sangrando poesía por las grietas frías de los dedos, como trozos de sueños y descarnados momentos humanos que se construyen, lentamente, en mi mirada limpia y nueva de la vida…
Mis cuadros haciendo cola, mis tambores callados, el ordenador junto al desorden de cosas y un té “humeando paciencia”…, el frío rodeándome, la incertidumbre mirándome de frente, el silencioso llanto de la leña que arderá hoy, el destierro de mi mismo, la nostalgia de un abrazo, y aún así, a menudo empiezo cantando susurros como cuando ando pausadamente en el silencio del bosque... por telegram me encuentro llamando a las nubes para que dejen de ser niebla en lugares cercanos donde habitan otras soledades amigas,
atravieso la ventana acariciando el vuelo de las grandes aves que planean imponentes al ascender...,
me siento como reponiendo el musgo roto por la ferocidad de los jabalíes mientras sembraba los restos de las setas de este otoño gélido...
y al volver al ahora y aquí, junto a la estufa casi apagada, sonreír trenzando una nueva web que me hace un hombre hermano de espíritu errante, apedazado y valiente... una web donde se vea claramente el corazón viviente que aún soy, ese que ama profundamente, que baila solo mientras azota las percusiones en algún mercado alternativo, se sienta desde el ser que mira al cielo eterno con los ojos de dentro, que enraíza el alma al centro de la tierra verdadera...
y, a lo lejos, en espacios como éste, como si no hubiera nadie, todavía se pueden encontrar otras presencias que también rebosan vida, arte, dulzura, inspiración y cordura...
esa cordura de ser dioses del propio mundo …
esa aventura de ser divinidades viviendo el olvido, para sentir la creación infinita, como si no hubiera un mañana y que se crea y se destruye constantemente en este magnífico y hermoso sueño que se disfraza de realidad.
