Tocar las congas, los tambores con las manos, desde hace 50 años , ha sido un recorrido que aún vibra y resuena en lo profundo de mi ser…
Hacer resonar las pieles, acompañando músicas diversas, sintiendo compañías y soledades, escenarios y viajes que aún me pareen insólitos…
Este cuadro es un resplandor de ese misterio, es el eco de un gesto donde el dolor y la alegría se funden, donde la creatividad y el bloqueo fueron hermanos de sangre…
es un reflejo interno de la tremenda belleza de la percusión de mano, que suda, que se endurece, que llora entre las uñas y goza placeres secretos y escondidos tras los cantantes, los guitarristas, los teclistas o solistas…

Acrílico y técnica mixta sobre madera
Pertenece a la serie de Cuerpos, seres humanos, artistas.
Esta serie explora incesantemente la frontera entre figuración y abstracción, y «El conguero» quizás sea su ejemplo más claro: el gesto del percusionista está ahí, pero no como figura, sino como energía en movimiento, como gesto de dolor y torpeza…
Quería pintar la sensación, no la imagen, el homenaje, no el ego.
Por eso usé la técnica mixta: capas superpuestas, algunas tapadas, otras dejadas al descubierto.
El acrílico me permitió trabajar rápido, sin esperar días entre capas. Quería que se notara la urgencia del gesto, la espontaneidad, el deseo vibrante de ser eco vivo.
No es aleatorio: hay un mapa rítmico en esta obra.
y la partitura es la sonrisa.

«Tocar con las manos, el corazón abierto, la mente en silencio y calma, tocar siguiendo el impulso compartido, vibrando al compás. Sintiendo la profundidad del momento, del sonido, de la vibración. Recordando esto, pinto este cuadro.»* — Diorj B.
Esta frase, que acompaña a la obra en la web, resume lo que buscaba. No pintar al conguero. Pintar el espíritu del conguero.
