abril 5, 2024
El Poeta de la Inquietud y el Misterio
La poesía es, quizá, la disciplina más desnuda de todas, y Jordi Brugueras se lanza a ella sin armadura. Con palabras afiladas y versos sin rima aparente, construye poemas que son oráculos de lo incierto. Su lenguaje es claro, pero sus significados son insondables, como acertijos destinados a no resolverse.
Sus versos hablan del tiempo detenido, del amor como herida perpetua y de la búsqueda de lo sagrado en lo cotidiano. La mística impregna cada línea, evocando arquetipos y mitos olvidados. Muchas de sus poesías no buscan ser entendidas, sino sentidas, y a menudo las acompaña de ilustraciones propias o fragmentos de sus pinturas.
Un ejemplo de su voz poética puede leerse en estos versos:
"Hay un abismo en el silencio del fuego,donde la voz del mundo se quiebray la ceniza se convierte en cunapara la memoria de los nombres olvidados."
En sus lecturas públicas, recita con una cadencia hipnótica, acentuando cada palabra con pausas calculadas. A menudo acompaña la lectura con el sonido de una flauta de hueso o el golpeteo rítmico de un tambor, generando una atmósfera ritualística que sumerge al oyente en una experiencia de trance colectivo.
Lo que une la pintura, la música y la poesía de Jordi Brugueras es su esencia libre, indómita y mística. No pertenece a ninguna escuela, no sigue dogmas ni tendencias. Su arte es un acto de rebeldía y un canto a la autenticidad. Vive sin ataduras geográficas ni conceptuales, viajando de un lugar a otro, llevando consigo solo sus instrumentos, sus cuadernos de bocetos y la sed inagotable de crear.
No le interesa la fama ni la celebridad; prefiere el anonimato del caminante que deja huellas invisibles. Vive al día, sin planes fijos, permitiendo que la intuición guíe sus pasos. Ha vivido en comunidades autónomas, en retiro espiritual y en urbes caóticas, siempre en busca de esa chispa de lo desconocido que enciende su imaginación.
