Jordi Brugueras o Diorj Braama en su faceta artística, no es únicamente un artista polifacético. Músico, poeta, pintor…, es también propietario de la Fonda de Bóixols, un establecimiento situado en ese pequeño pueblo ubicado a 1.160 m de altitud, en el Pallars Jussà, y que principalmente alquila a músicos y artistas diversos para que puedan crear y ensayar, en un marco incomparable.

Jordi Brugueras o Diorj Braama define la Fonda de Bóixols como un espacio de arte y consciencia, en el cual, quien se aloja puede encontrar, en un entorno único, silencio, música, poesía, artesanía y, por descontado, arte. La cocina, basada en productos de proximidad y con platos vegetarianos, ofrece la posibilidad de saborear cocina vegana y, si se solicita, embutidos artesanos (exclusivamente por encargo). La Fonda es una extensión de Diorj Braama. En sus paredes se exponen sus cuadros, más de 150 obras a la venta. La música está presente los fines de semana, con jam sessions que se organizan sin ánimo de lucro. La percusión y los sonidos del hang drum, udus y otras percusiones resuenan a menudo.
Jordi Brugueras explica que su historia puede resumirse en amor, pasión, aventura, riesgo, independencia, soledad y compañía a la vez, consciencia en expansión…, mientras que le apasiona pintar, componer, escribir, descubrir, disfrutar del arte de improvisar, rectificar y soñar con un mundo que cada día se libera de su incongruencia para acercarse a los orígenes.
Soy un explorador de esta experiencia llamada vida; un navegante que se mueve a tenor de los vientos de la sencillez, la honradez y la presencia…, y que navega en dirección a la coherencia física del pensamiento, acción y emoción.
Mi obra es la expresión de mi forma de vivir, de ser, de aquello que resuena en mi… Yo no concibo el arte como un medio de transmisión de datos o de ideas, sino como una necesidad de permitir que suceda, y eso hace que me sienta más vivo. A menudo pinto o escribo sin saber qué pasará, con la incertidumbre y la sorpresa como aliadas… En la música también puedo sentir eso mismo, aun siendo más social a la hora de crear… Yo fluyo con lo que siento: improviso sobre una línea o un tema prefijado y libero la espontaneidad. Después puedo elaborar y matizar el detalle, repasar la coherencia y el contenido, y darle a cada pieza una salida libre.
Comencé desde muy pequeño con la música, la pintura y la escritura. El tiempo y la madurez me han aportado humildad, serenidad, coraje, la capacidad de confiar en lo desconocido y, sobre todo, independencia y libertad de expresarme tal y como soy y de hacerlo tal y como quiero.
La naturaleza me ha permitido integrarme en una manera de vivir que se ha ido alejando cada vez más del convencionalismo y del circuito del poder y el renombre… La naturaleza es precisamente la que me ha enseñado todo aquello que comentaba anteriormente —humildad, serenidad, coraje, confianza, independencia y libertad…— y lo ha hecho con su ternura, su impecabilidad, con la dureza y la crueldad, así como con la perfección de todo, incondicionalmente.
Vivir en Bóixols me ha permitido disfrutar de la seguridad, del silencio, de la soledad amable, de los grandes espacios, de la gente valiente que vive en este entorno. En lo que se refiere al Pallars Jussà, esta es una tierra dura, tal vez de las más despobladas de Catalunya. Es un lugar en el que el cielo, por las noches, se ve como no lo he visto en ninguno de los lugares en los que he vivido, y la paz que aquí se respira es inmensa. Es el lugar que conozco con el agua mejor y más sana, donde todavía queda fauna salvaje y los bosques y parajes están limpios… Esto acaricia el alma, modela el espíritu y llena los rincones oscuros de la vida…
Aquellos que vienen a pasar un tiempo en la Fonda encuentran un espacio, aunque en parte caótico, muy libre de contaminantes electromagnéticos y wifi: un espacio donde poder crear sin interrupciones ni distracciones fáciles, donde la naturaleza y la comodidad se encuentran no como un lujo o una moda, sino en toda su autenticidad. El establecimiento está abierto a artistas de música, de plástica, de cualquier expresión artística…, incluidos aquellos que, aun sin crear, sí que disfrutan plenamente del arte como público a menudo participativo. En la Fonda se puede comer y hospedarse creando en la soledad de este pueblo y en la compañía de los que estamos en cada momento. Yo cocino comida sana, adaptada a la alimentación tanto vegana como holística, y procuro satisfacer las necesidades de aquellos que aquí se alojan, en la medida de lo posible.En lo que se refiere al Pallars Jussà, esta es una tierra dura, tal vez de las más despobladas de Catalunya. Es un lugar en el que el cielo, por las noches, se ve como no lo he visto en ninguno de los lugares en los que he vivido, y la paz que aquí se respira es inmensa. Es el lugar que conozco con el agua mejor y más sana, donde todavía queda fauna salvaje y los bosques y parajes están limpios… Esto acaricia el alma, modela el espíritu y llena los rincones oscuros de la vida…
Aquí hay libertad de acción y expresión, siempre que haya un respeto mutuo, y haya un vínculo hacia todos los seres que sea amoroso y digno. La violencia queda excluida así como la vulgaridad; lo demás es bienvenido… Los perros —si sus responsables evitan molestias y los tienen controlados— también son bienvenidos.
Ahora que parece que vamos a entrar en una recesión galopante y una desestructuración del sistema social en el que hemos vivido hasta ahora, compartir este espacio es todo un nuevo reto… Quizás seremos un punto de supervivencia y arte, de refugio y consciencia… Habrá que ver cómo evolucionan los acontecimientos.
¡Evidentemente! El arte y los colectivos que lo desarrollan crean una red “nutricia” a niveles esenciales, creando sinergias y milagros que solo la fluencia de la acción artística puede manifestar.

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